El filósofo Kierkegaard dejó para la posteridad una interesante sentencia que
está en la raíz de lo que en finanzas se denomina Teoría de la Inversión Contraria:
"Un hombre solo puede equivocarse, pero la multitud siempre se equivoca".
El concepto de inversión contraria es relativamente amplio y no está del todo
claro, aunque la idea que subyace es que la mejor estrategia inversora es ir
en contra del mercado, es decir, hacer exactamente lo contrario que la multitud
(a la que muchos inversores contrarios aluden con términos peyorativos como el
rebaño).
Quizá la postura que más se suele asociar con la idea de inversión contraria es
la de que hay que comprar cuando todos venden y vender cuando todos compran.
La justificación intuitiva está en que cuando la mayoría tiene una visión pesimista
y cree que la bolsa va a bajar, la gente vende masivamente acciones y el mercado
se queda sin nadie dispuesto a vender, con lo que sólo queda camino para subidas;
con una visión optimista generalizada ocurriría exactamente lo contrario.
Otra idea que sostienen la mayoría de los defensores de la opinión contraria es
que el mercado tiende a sobre reaccionar ante determinadas variables, o lo que
es lo mismo que los inversores tendemos a la exageración. Si surgen buenas
noticias sobre una acción, nos lanzamos a comprar casi como posesos y hacemos
subir su cotización por encima de lo razonable, y a la inversa con las malas noticias;
si los analistas o expertos hablan del mal momento que vive un sector, vendemos
masivamente hasta hacer que la acción cotice muy por debajo de lo que en buena
lógica podría valer. Con todo a largo plazo acaba imperando el sentido común y
las desviaciones tienden a corregirse (aunque esto último no lo comparten todos
los "contrarios").
Posiblemente estas ideas no se alejen mucho de la realidad, pero por supuesto
predecir el momento en que se acerca ese nivel de saturación que hace darse la
vuelta al mercado es enormemente complicado, por no decir imposible. Por
ello los inversores contrarios se limitan normalmente a definir estrategias concretas
que les aproximen a hacer lo contrario que la mayoría de la gente; algunas
típicas son comprar valores que se encuentren en mínimos anuales, valores que
los analistas recomiendan vender, valores que aparecen en las portadas de la prensa
en noticias de carácter catastrófico, etc.
La inversión contraria quizá tenga una cierta apariencia excéntrica, grotesca
o incluso romántica, pero de lo que no cabe duda es de que este tipo de inversores
requiere de una dosis extraordinaria de sangre fría: lo normal es que cuando
uno compra lo que la mayoría no quiere, como mínimo tarde un tiempo en poder revenderlo
más caro. Mientras tanto puede que observemos como nuestra inversión va perdiendo
valor a la par que continúa la fiebre vendedora de la mayoría.
Sin embargo estas teorías tienen un notable número de seguidores, y desde sus
filas se asegura que funciona: de hecho se han presentado varios estudios
estadísticos que demuestran un consistente mejor comportamiento en el pasado de
valores que cumplían condiciones como tener una recomendación de venta por los
analistas, aunque para los que no creemos demasiado en la estadística ello no
supone una demostración irrefutable. Según ellos, a pesar de que la efectividad
de determinadas estrategias de inversión contraria salta a la vista, la gran mayoría
de los inversores prefieren mantenerse al margen de ella por razones psicológicas:
en otras palabras, que por naturaleza los seres humanos tendemos a seguir un comportamiento
rebañil. Quizá sea interesante observar el ejemplo en nuestro mercado de Hidrocantábrico,
un valor que desde finales del año pasado los analistas recomiendan vender y en
este mismo período de tiempo ha subido en bolsa cerca del 30% (alguno se reirá
al observar que hoy la recomendación de los analistas ha mejorado y se sitúa en
mantener)
Con todo, si la inversión contraria pura no cuenta con excesivos adeptos, sí
existen numerosas versiones más o menos descafeinadas de gran popularidad,
especialmente en mercados como el norteamericano. Una idea muy aceptada es por
ejemplo la de que todo inversor debiera reservar una parte de su cartera para
invertir con criterios contrarios. Y de hecho una actitud muy común en los
inversores, la de mantener un dinero en efectivo para comprar cuando el mercado
baja mucho (o para comprar más acciones de una empresa que ya está en nuestra
cartera pero que no para de bajar), no deja de ser en definitiva una forma de
inversión contraria. Si le interesa el asunto, quizá quiera conocer algunas
posibles ideas de inversión contraria en la bolsa española (con
criterios contrarios tradicionales o con la estrategia
del gurú americano David Dreman).
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