Los que procedemos de una familia numerosa conocemos especialmente las ventajas
de adelantarse a los demás a la hora de participar en el reparto de un bien escaso;
cuando funciona la ley de la selva sólo el más rápido puede hacerse con el mejor
pastel. En el ámbito financiero parece imperar también la ley de la selva: en
nuestro foro han desarrollado ya toda una teoría sobre los
"leones" y las "gacelas" en la bolsa española.
Desde un punto de vista similar podríamos decir que la inversión es un bien escaso,
y que somos muchos los que trabajamos a su alrededor o nos interesamos en él;
en el caso de la bolsa, por ejemplo, es raro encontrar una empresa evidentemente
infravalorada (en otro reciente artículo les hablo del caso
de Acciona), porque la multitud de inversores y analistas se encargan de corregir
la situación. Ello no significa que en bolsa no existan oportunidades de inversión,
sino que éstas son normalmente poco claras o evidentes.
Esta es una de las principales razones por las que la alternativa de inversión
conocida generalmente como Capital Riesgo ha venido experimentando un espectacular
desarrollo, que además se espera continúe en los próximos años. El negocio del
capital riesgo consiste básicamente en la búsqueda de empresas (o simples proyectos
de empresa) con muy buenas expectativas de futuro y que no coticen en bolsa (y
por tanto permanezcan escondidas a los ojos de la comunidad inversora); a continuación
se compra una parte de la empresa en la esperanza de poder venderla más cara en
el futuro.
Además de la naturaleza puramente lucrativa, el capital riesgo tiene normalmente
un componente de "interés social": el inversor pretende que la empresa comprada
efectivamente se revalorice, y para ello habitualmente las operaciones de capital
riesgo conllevan actividades de asesoría y gestión de las empresas participadas,
inyección de capital para aumentar la dimensión del negocio, etc... Por eso en
muchos casos los negocios de capital riesgo vienen promovidos o incluso cuentan
con la participación de instituciones públicas, que pretenden con ello fomentar
el desarrollo económico.
Pero en el ámbito puramente lucrativo, lo cierto es que el capital riesgo viene
proporcionando muy interesantes beneficios a inversores de todo el mundo. Sin
embargo hay que tener en cuenta que en general se caracteriza por:
· su baja liquidez: no es fácil negociar con empresas no cotizadas.
· su visión de largo plazo: el horizonte con el que se toman las participaciones
debe ser suficiente para que se produzca una revalorización significativa de la
empresa.
· su mayor nivel de riesgo: no es lo mismo comprar a un precio calculado por un
solo personaje, por muy especialistas que sea, que comprar en un mercado donde
miles de especialistas están evaluando ese precio.
Y básicamente por estas características la inversión en capital riesgo en España
se maneja hoy día en ámbitos muy elitistas: normalmente las entidades que la gestionan
exigen al inversor muy elevados requisitos de capital para poder
acceder a sus productos.
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