Las bolsas han continuado en los últimos días con el ambiente
de alta volatilidad iniciado a la vez que los ataques de EE.UU. en Afganistán,
pero esta vez en la mayoría de los casos hemos visto pérdidas; pérdidas lógicas
si tenemos en cuenta la fuerte incertidumbre reinante, pero en todo caso moderadas
en la mayoría de los casos (de hecho el Ibex 35 arroja un saldo positivo en la
última semana).
Con ello tenemos que hablar de una cierta y sorprendente fortaleza en el mercado,
que sólo se explica si pensamos en una visión de muy largo plazo que estaba ausente
del mercado en los últimos meses y que ha aparecido tras la fuerte inyección de
dinero por las Autoridades Monetarias y por la consideración de que los precios
vistos tras el 11 de Septiembre eran auténticas gangas (algo que seguramente es
cierto).
En España tenemos que añadir el ingrediente de las expectativas de movimientos
corporativos, cuya fiebre parece cobrar un vigor inusitado animando la especulación
(es el caso de Koipe y coUrbis
con cierto fundamento, de Telepizza, Zeltia
o Picking Pack con menos base). También hemos visto
cómo empresas como Prisa o Terra
aprovechan los bajos precios para irse de compras por Latinoamérica.
De cualquier modo si es lógico pensar que hoy la bolsa ofrece una muy interesante
oportunidad de inversión en el largo plazo, lo es menos creer que a corto plazo
vamos a seguir teniendo alegrías; a la permanente incertidumbre en la "Guerra
contra el terrorismo" tenemos que añadir la preocupante situación económica, básicamente
centrada en el miedo de los agentes económicos.
Aunque pueda parecer anecdótico, el pésimo dato que hemos conocido esta semana
sobre Confianza de los Empresarios Alemanes (IFO)
puede marcar un punto de inflexión en Europa, que hasta ahora vivía en la esperanza
de quedar casi al margen de la crisis económica americana. Estamos viendo un fuerte
parón en la inversión que, si todo va bien, será coyuntural pero que podría autoalimentarse
y extenderse.
Y si la locomotora europea entra en recesión no hay duda de que la economía española
terminará haciéndolo, a pesar de las optimistas perspectivas
para este año. Esperemos que no sea así, pero los pocos anuncios temibles
que hemos visto en España (los despidos en Gamesa,
por ejemplo) podrían multiplicarse en los próximos meses al hilo de lo que hemos
visto en otros países.
Ello es sin duda posible y de momento pocas razones invitan a ser optimista, y
por eso sorprende el buen comportamiento de los mercados. Eso sí, a mí al menos
me han enseñado que en caso de duda, el mercado es el que tiene razón, así que
por sí mismo este buen comportamiento es un mensaje de esperanza.
La semana que viene tenemos algunas citas importantes; por una parte continuará
la batería de publicaciones de resultados empresariales (en EE.UU. hasta hora
han sido malos, pero no más de lo que esperaban los analistas), y por otra tenemos
citas económicas como los indicadores adelantados americanos (teóricamente un
"avisador" de recesiones y recuperaciones), el Libro Beige de la Fed (que realmente
no puede aportar grandes novedades, pero que indudablemente será seguido al dedillo
por los inversores) y el dato de pedidos de bienes duraderos también americano.
Además en Europa sabremos cómo está la confianza de los consumidores en países
como Italia, Holanda o Francia (en este último caso el gasto, reflejo de la confianza)
y además se reunirá el Banco Central Europeo, que muy posiblemente baje los tipos
de interés viendo la que se nos puede venir encima.