Los grandes bancos españoles siguen sin aplicar criterios de responsabilidad social
en sus inversiones, según explicó, en una entrevista a Europa Press, la representante
en España de la gestora de fondos SAM Group, Stéphanie Capdeville, apuntando que
la inversión socialmente responsable (ISR) no se implantará en España antes de
2005, y en todo caso sólo lo hará cuando las entidades financieras "vean que hay
negocio".
Capdeville señaló que en España el mercado de la ISR lleva un notable retraso
respecto al resto de Europa, y en especial en relación con los países anglosajones,
donde tuvo su origen en comunidades de alto perfil ético o moral muy integradas
en el sistema económico-financiero.
La particularidad del mercado español consiste en que los bancos, como las empresas
no financieras cotizadas, son conscientes de interés de los inversores institucionales
extranjeros, en especial de los anglosajones y del norte de Europa.
"En cambio --apuntó Capdeville-- la presión por parte de los inversores institucionales
españoles es incipiente".
"Para lograr el compromiso de los bancos se necesita que aparezca un cliente que
les exija un producto de inversión responsable, y sólo lo harán cuando vean que
hay negocio", apuntó Capdeville basándose en su experiencia de reuniones con representantes
de entidades financieras.
Por el momento, "los grandes bancos españoles" han integrado en su gestión la
utilidad de la ISR de la misma forma que las empresas que cotizan en el exterior:
han elaborado programas de responsabilidad social "de gran alcance", pero ni han
apostado por productos de ISR --excepto los destinados a ONG u organismos religiosos--
"y mucho menos han introducido criterios de RSC en sus propias inversiones".
Así, en Estados Unidos la ISR supone el 13 por ciento del total de las inversiones,
un 5 por ciento en Reino Unido.
En Alemania y los países nórdicos la preocupación por el Medio Ambiente llevó
la delantera, y lo mismo ocurrió en Francia con las cuestiones sociales.
En España, según Capdeville, el mercado de la ISR empezó a ser impulsado en 1999
por las ONG, que eran a la vez representantes de la sociedad civil, entidades
de rating e inversores de fondos, y querían controlar mejor sus inversiones.
Actualmente apenas existen una quincena de fondos éticos y/o solidarios domiciliados
en España.
El problema, según el estudio realizado por esta experta, es que "se le ha pegado
a la ISR la etiqueta de la inversión 'caritativa' en los mercados financieros",
de forma que esta inversión "tiene fama de quedar reservada a ONG o donantes generosos".
Según explicó Capdeville, además, la ISR padece las consecuencias de la habitual
confusión entre acción social y responsabilidad, y así se producen "graves contradicciones",
como en el caso de Cajas de Ahorro que cuentan con numerosos programas solidarios
pero no dudan en invertir "irresponsablemente" en petroleras como Exxon.
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