TIEMPO REAL

CONTRA EL FRAUDE |
Europa Press
10 de julio de 2002
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El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció ayer la creación de una
comisión federal para la investigación de fraudes financieros y la duplicación
de las penas para los empresarios deshonestos.
Bush se dirigió ayer a una multitud de ejecutivos, financieros y empresarios reunida
en Wall Street, a pocos metros de la Bolsa de Nueva York, para recordarles la
necesidad de que Estados Unidos entre en 'una nueva era de integridad para las
corporaciones estadounidenses' ante la actual oleada de 'abusos y excesos' registrados
en las grandes empresas, que atribuyó a 'la atracción creada por los embriagadores
beneficios de finales de los años noventa'.
'En estos momentos, la economía americana precisa, sobre todo, de mayores parámetros
éticos, reforzados mediante leyes estrictas y apoyados por dirigentes empresariales
responsables', afirmó Bush ante la Asociación para un Nueva York Mejor, ante la
que prometió emplear 'todo el peso de la ley para descubrir y eliminar a la corrupción'.
'En definitiva, no hay capitalismo sin conciencia', clamó.
'Mi Gobierno va a hacer todo lo que esté en su poder para poner fin a la era de
la manipulación de las cuentas, del maquillaje de la verdad y de las contravenciones
a la Ley', afirmó Bush.
Para ello, afirmó ayer, solicitará al Congreso que apruebe una duplicación de
las penas máximas de cárcel, que aumentarían hasta los diez años, para los responsables
de fraudes empresariales, así como un endurecimiento de las leyes que criminalizan
la destrucción de documentos por parte de las empresas y la prohibición de que
los responsables de las empresas puedan recibir préstamos de la compañía en que
trabajan.
Asimismo, anunció la creación de una nueva Comisión Federal Especial que tendrá
como objetivo la persecución y el enjuiciamiento de la actividad criminal corporativa.
Este cuerpo estará dirigido por el subsecretario de Justicia, Larry Thompson,
e incluirá a investigadores del Departamento de Justicia y otras áreas gubernamentales.
El mandatario también se ha mostrado dispuesto a dotar con más medios al organismo
de control del mercado de valores, la Comisión de Seguridad e Intercambio (SEC).
Concretamente, va a pedir al Congreso que desbloquee inmediatamente 20 millones
de dólares para contratar cien nuevos agentes y que aumente el presupuesto de
este organismo para 2003 en un 20 por ciento.
George W. Bush ha asumido como propias, igualmente, toda una serie de medidas
anunciadas estos últimos meses por las plazas financieras estadounidenses para
mejorar la gestión de las empresas y proteger a los accionistas.
En particular, ha pedido a las bolsas norteamericanas que pongan de su parte para
que los consejos de administración estén compuestos mayoritariamente por administradores
realmente independientes.
Las palabras de Bush pretenden ser una respuesta a las críticas de que ha sido
objeto por su supuesta dejación de responsabilidades ante el mundo empresarial,
especialmente por parte de los demócratas, los cuales, en unas elecciones podrían
aprovechar la circunstancia para arañar escaños en el Congreso ante las próximas
elecciones legislativas.
Precisamente, los principales responsables del Partido Demócrata en el Congreso
estadounidense pidieron hoy al presidente, antes de su discurso de Wall Street,
que se responda con hechos y no sólo con palabras a la serie de escándalos empresariales
que ha sacudido a la economía norteamericana.
'Lo que es importante es lo que se hace, no lo que se dice', declaró el líder
de la minoría Demócrata en la Cámara de Representantes, Dick Gephardt. 'Para nosotros
no es suficiente hablar de contabilidad, uno tiene que actuar para asegurarla',
expresó, por su parte, el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Tom Daschle.
'La prueba para el presidente a día de hoy no es si comparte la indignación que
los trabajadores y accionistas de estas compañías sienten; estoy seguro de que
sí', afirmó Daschle. 'El asunto es si está dispuesto a actuar ante esa indignación
y apoyar una legislación que resuelva el problema', prosiguió.
Los Demócratas reclaman a Bush que firme dos proyectos de ley que han presentado
en el Senado, uno para reformar la contabilidad estadounidense y otro para castigar
penalmente el fraude corporativo.
La llamada 'crisis de la dirección corporativa' comprende fraudes multimillonarios
cometidos por muchas de las mayores compañías de energía, petróleo y comunicación,
bancos de inversión, firmas de contabilidad y megaconglomerados en Estados Unidos
y otras partes del mundo.
Entre las compañías afectadas, aparte de las más conocidas como Xerox, WorldCom
o Enron, se encuentran Credit Suisse, First Boston, El Paso Oil, Merrill Lynch,
Adelpha, Tyco, Dynergy, Southeby y otras decenas de empresas e instituciones bancarias.
El número de pensionados, empleados e inversionistas que han perdido sus ahorros
llega a decenas de millones.
Los diarios económicos como 'Financial Times' o 'Wall Street Journal' opinan que
el problema radica en la 'ambición corporativa' y la 'pérdida de confianza de
los inversionistas'.
No obstante, el célebre sociólogo izquierdista norteamericano James Petras considera
que el problema radica en 'la desregulación total de los sectores empresariales
y financieros, y la naturaleza especulativa de la economía del país'.
'Es un mal del sistema: la concentración del poder económico y el control que
las corporaciones ejercen sobre el sistema político significa que los altos ejecutivos
de los consorcios diseñan la legislación y escriben las reglas que les dan mano
libre para cometer fraudes en gran escala y obtener enormes ganancias a corto
plazo antes que sus empresas se derrumben', asegura Petras en un artículo reciente,
publicado por el diario 'La Jornada', de México.
'Las consecuencias sistémicas de estos fraudes en gran escala que contaminan todo
lo que está a su alcance han sido la pérdida de legitimidad de los grandes bancos
de inversión y una disminución masiva de la inversión extranjera en Estados Unidos',
con la consiguiente 'retracción de los flujos de capital foráneo', que ha debilitado
sustancialmente al dólar y amenaza con llevar a niveles alarmantes los déficit
de las cuentas externas estadounidenses, 'lo que obligaría a reducir las importaciones
y el nivel de vida'.
'La pronunciada caída en la inversión extranjera se debe a que los capitalistas
ya no confían en los informes de utilidades de las grandes corporaciones financieras,
en particular los que emiten los auditores locales y los directivos de las empresas',
prosigue Petras.
'El resultado es que el mercado de valores ha declinado, y las pérdidas en acciones
persisten en 2002 por tercer año consecutivo, las quiebras de consorcios importantes
aumentan y las utilidades decaen: una verdadera crisis económica', añade.
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